Una mirada al paso de Fecisla en Isla Fuerte

Por Paula Andrea Álvarez Molina

Ilustración: @nanilustra

A una isla de coral llamada Isla Fuerte, que pertenece al distrito de Cartagena, aunque más cercana al departamento de Córdoba y, con una sensación de República Independiente, llegaron unos transeúntes. Parecían piratas -como cuenta la leyenda sobre Morgan, quien según se comenta en La Isla de las Niñas (2018), ya había pasado muchísimos años antes por allí- Estos piratas, sin oro ni barcos, llegaban cargados de carpas y un elemento mágico que proyectaba en una bandera blanca: el gran espectáculo, cuál circo traído por gitanos; el cine.

El cine ya había llegado a Isla Fuerte muchos años atrás (aprox. en los años 70 <Cine en la Isla, 2012>). No muchos lo recuerdan, era entonces una novedad, un nuevo descubrimiento del “hielo, traído por gitanos”. Juan David, más conocido en la isla como Jota; uno de aquellos expedicionarios, recuerda que llegaron a la isla como un grupo de parceros y parceras, que se alimentó con el amor por la Isla, y al ver que había cosas por hacer con la gente desde el arte, la isla los tocó espiritualmente; un enamoramiento que dejó un día de ser un fugaz amor de verano. 

Jota señala que la forma en la que la gente vive en la Isla; sus formas más sencillas y profundas; hizo que las carpas en las que llegaron aquellos viajeros; se convirtieran un día en una casa, tras un buen tiempo de deambular de casa en casa haciendo familia y amigos. De esa colectividad que empezó a formarse, un buen ejemplo es Amalfi, habitante de la Isla hace 15 años, quién abrió su hogar y su vida para hacer parte del espectáculo del cine. Cuenta ella, que aquellos proyectores de historias graban y ruedan su cotidianidad, sacándole así su lado más amable y alegre; una felicidad inmensa que hace que abra dichosa, las puertas de su casa. 

Inicialmente escépticos en su mayoría y curiosos seguramente, los nativos de la isla (como les gusta nombrarse), se acercaron de a poco a estos extraños transeúntes; Miguel Góngora fue uno de aquellos curiosos (él no se hace llamar nativo; llegó hace cuarenta años y ahora se siente como un tío en la comunidad, un líder familiarizado por su ascendencia Afro, aunque sea propio del Pacífico colombiano). Góngora curioso y escéptico; ha visto florecer año tras año, aquella pantalla sobre la que empezó a proyectarse el arte; se acercó entonces a esos extraños que poco a poco tuvieron nombre, cara y voz: Fecisla le nombraron. 

Para Góngora el cine es un elemento que se ha constituido como un pilar en la comunidad de Isla Fuerte, pues a través de él, la gente ha tomado conciencia de muchas cosas que acontecen en su territorio. Sobre todo, por verse reflejados en la pantalla. Además, el hecho de hacer parte de la creación audiovisual en todas sus fases, con historias propias de ellos, ha causado una curiosidad frenética, en espacial en los niños, que empiezan a ver el arte como una posibilidad de expresar y ser. 

Aquellos caminantes de tierras extrañas llegaron sin pedir permiso; recuerda el señor Barrios, Inspector de la Isla desde hace ( ¿) años ¿Cómo pedir permiso con esa costumbre tan de gitanos, tan de piratas que tienen los proyectores de sueños?  Sin embargo, Fecisla no es un escuadrón de vendedores de humo, según Manuela Tabares, coordinadora académica, Fecisla es el pretexto para hacer juntanza entre la comunidad de Isla Fuerte y gente cercana con sintonías en los ideales de trabajar con el arte y la cultura como un derecho innato para todo territorio. 

Esta corporación persiste en el territorio de Isla Fuerte, porque entiende que el arte, el acceso a la cultura y el acceso a formas de educación alternativas; son derechos que el estado colombiano y su institucionalidad, no les han dado realmente relevancia. Según Manuela, Fecisla no pretende suplir  al estado o a la institucionalidad, pero sí quiere acercar al territorio esa posibilidad de creación comunitaria pues, según su experiencia, el tejido comunitario se fortalece desde los niños, jóvenes; sus ideas que van creciendo y los encuentros entre los adultos que ponen sus talentos en marcha de un propósito común. Fecisla es entonces, un intermediario para que la gente tenga el espacio de crecer en sus talentos; un propiciador del encuentro como diría Jota. 

Empezaron entonces a ser un grupo de visionarios; soñadores y soñadoras que alimentaron sus deseos escuchando, entrando más como amigos y amigas que como extraños. De esa manera, muchas personas de la Isla se han ido familiarizando con el Festival de Cine, y los espacios que éste ha propiciado. Se recoge en sus voces, la sensación de un cambio significativo en la comunidad con la llegada del cine y el movimiento cultural que ha arrastrado, porque el cine ha sido una excusa para traer otras fiestas; bandas y conjuntos de música, baile, pintura, cursos de cocina, los encuentros para hablar, reír y ser. Luz Mery por ejemplo (única pescadora de oficio en la Isla, ver Oficios de Isleñas, 2019), ve el Festival de Cine de Isla Fuerte como un orgullo, como una felicidad para su pueblo; una oportunidad también para abrir la Isla al turismo, que mueve en gran parte la economía de este lugar. 

Para Vilma Cuadrado, abuela de algunos jóvenes participantes en procesos creativos alrededor de Fecisla, el Festival ha hecho que la gente  se preocupe y se estimule de aprender cosas nuevas, de nuevas culturas y formas. Este diálogo ha sido interesante y ha roto prejuicios, que quizá, siempre cargamos, aún sin darnos cuenta. Juan David Mejía (Jota) ahora director de la Corporación Fecisla comenta que con el Festival, han aprendido a desestructurar ideas preconcebidas con las que quizá en un principio se acercaban. A su vez, este espacio ha abierto posibilidades de entablar diálogos, comenta a través de una anécdota 

-Pensábamos, por ejemplo, no poner películas subtituladas, porque mucha gente no sabe leer, pero cuando ha pasado que ponemos, la gente igual se las parcha, aunque no sepa leer ven la película, y por el contrario, al pensar que generaría incomodidad, lo que generó fue una presión bonita,  como “eh, yo quiero saber qué es lo que dice ahí”, y eso se vuelve interesante.

Aquel plan iniciante de amigos y amigas, se convirtió entonces en un espacio que abrió en la comunidad un diálogo entre propios y ajenos al territorio; moviendo consecuentemente tensiones pre-existentes en la Isla, como los conflictos por el poder, propios de una República Independiente ¿quién es la autoridad, para pedirle permiso de colgar una bandera blanca y proyectar la vida misma a través del cine? Esta respuesta a través de los años, se ha personificado en diferentes figuras -Junta de Acción Comunal, Comisaría, Consejo comunitario afrodescendiente- que con leves tensiones, han abierto en diferentes momentos las puertas de la Isla a este movimiento cultural propiciado por Fecisla. Sin embargo, más allá de avales, los aliados reales, han sido la gente del territorio que se ha vinculado de una u otra manera a este equipo de trabajo. 

Con muchos aliados dentro de la comunidad ese espacio de extraños, empezó a ser un ritual, una festividad que ha tocado a todos, un evento propio de la Isla. ¿Pero antes de todos estos movimientos qué? Desde la mirada oficial, no se tiene registro de apoyos significativos en el área de la cultura de Isla Fuerte. El Inspector Barrios, aunque escéptico y distante del proceso, reconoce que el movimiento cultural de Isla Fuerte había estado muy apagado por falta de apoyos y conocimientos en algunas áreas y, que con la llegada de Fecisla, se ha tenido un reconocimiento a nivel nacional e internacional como una Isla que también tiene cultura. Para la señora Leris, líder del Consejo Comunitario de la Comunidad Negra de Isla Fuerte; en la Isla hay mucha cultura, pero no una organización sólida dentro del territorio; pues a pesar de que hay mucho talento, no hay una centralidad o una entidad, por ejemplo desde el Distrito de Cartagena que apoye, entonces “la presencia de Fecisla en la comunidad ha significado algo muy importante porque ha sido el único espacio para expresar la cultura que tenemos. La comunidad ha tenido mucha aceptación sobre esto, sobre todo los niños, niñas y jóvenes que han sido muy participativos en los programas que traen”, comenta Leriz Zúñiga. 

El señor Lázaro, perteneciente al Comité Social de la Junta de Acción Comunal; reconoce en Fecisla, un espacio que ha propiciado que la cultura se esté moviendo un poquito “sólo cuando viene Fecisla es que la peladera es detrás, buscando la bulla” comenta y agrega que, aunque hay espacios para que el suceso artístico acontezca, lo que falta es buscar orientación profesional sobre lo que es la cultura y sobretodo, la manera de trabajar por  y para esto. 

La comunidad de Isla Fuerte, según menciona el señor Miguel Góngora, no tiene fuertes lazos de trabajo colectivo. Sin embargo, a raíz del evento que año tras año se viene dando, se han visto en la necesidad de coordinarse y hacer que sucedan cosas en conjunto. Ese propósito de encuentro de voluntades, es lo que quiere Fecisla, según menciona Jota, su director, quien evidencia que incluso existiendo fuertes rasgos culturales que unen a la comunidad de Isla Fuerte; no hay una dinámica comunitaria, hay mucha fragmentación y disputas de poderes entre líderes y las pocas organizaciones que hay. Uno de los aprendizajes más significativos, apunta Manuela, la coordinadora académica de Fecisla, ha sido la construcción de una forma de tratarse entre la comunidad cercana al proceso; y con esto, la construcción de metodologías propias, que han propiciado al encuentro de esfuerzos comunitarios y el aprendizaje necesario -por lo menos inicial- para gestionar cosas que la comunidad necesita, a través de la formulación de proyectos. 

Recogiendo diversas voces se logra avizorar los sentires que genera el suceso artístico y sus movimientos; sentires que discrepan pero que no ignoran que Fecisla le ha propiciado un encuentro, un diálogo sobre su cultura, diálogo con el arte, con la proyección de lo que son a través de la cámara, y lo que del mundo se proyecta en aquella bandera blanca. Esa posibilidad de proyectarse, que es el cine, es para Jorge Cuadrado “El Pinta de la Champeta”, una ventanita; una posibilidad para darse a conocer como artista, para que la gente lo conozca, y así, su música y su tierra. 

Fecisla no sólo se ha dado como en evento anual, también ha sido un proceso creativo donde la comunidad se refleja a través de la pantalla; “ya la ventana está abierta”, dice el Pinta, porque la Corporación ha proyectado en otras partes lo que se hace en la comunidad, y de esa manera muchos artistas de la Isla pueden lograr lo que tanto perseveran; allí se abren oportunidades. Para la señora Vilma, los procesos cinematográficos son una experiencia importante para los niños, niñas y jóvenes, pues puede ser el descubrimiento de talentos e inclinaciones frente al arte, y ve a su vez la posibilidad de un apoyo en este proceso, por parte de la corporación. 

Hace falta todavía recoger muchos aprendizajes, este Festival que ya se instala como un ritual para los isleños está en una fase iniciante todavía; aunque ya cuenta con un espacio físico donde hay programación constante y un lugar de encuentro que es “Arrecife, Escuela de desarrollo cultural y ambiental” Una casa que poco a poco, se ha llenado de posibilidades de aprendizajes, diálogos y juegos. 

Este lugar es uno de los resultados que tras cerca de cuatro años de soñarlo, abre las puertas para co-construir territorio, desde el arte y la cultura.  Para Manuela, la Coordinadora académica, el propósito de Arrecife, más que ser un espacio físico, es ser un espacio de diálogos transversales entre todas las partes; en lo artístico-cultural, también en lo ambiental y en los procesos de liderazgo y construcción de paz. “Aunque Isla Fuerte no ha tenido una incidencia directa en el conflicto armado, si tiene otras violencias ligadas al narcotráfico, que son violencias que no se catalogan tanto; que incluso a veces no se nombran.  Hay, además, otras búsquedas en torno al género, por ejemplo. Hay muchas cosas a las que queremos apuntar, que sabemos que de inmediato no se dan, pero está el espacio para que lleguen todas las iniciativas que, en concordancia al proyecto, y relevancia con el territorio, aporten a todo esto. Es un espacio para la creación, el diálogo y la búsqueda de otras formas de habitar la Isla, y en general: este planeta”. 

Aquellos transeúntes iniciales, han ido construyendo poco a poco, no para la gente, sino con la gente; alimentando así el sueño de tener un espacio de formación y encuentro con el arte y la cultura; un lugar que posibilita cada vez más, la realización de un cine comunitario, con sus propias formas. El sueño es, a su vez, que cada día se vinculen más y de forma más profunda los niños y jóvenes de la isla, que ayuden a co-construir el propósito de tener un espacio en aquella isla de coral, llamada Isla Fuerte, donde el arte sea un derecho garantizado por la propia autonomía de este territorio.

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