Isla Fuerte, isla de coral y de arte

Por Paula Andrea Álvarez Molina

Ilustración: @nanilustra

Arribar en Puerto Limón, un muelle amarillo que es más un trampolín para lanzarse al mar y un balcón para contemplarlo. Arribar entonces a un lado de este sin utilizar el muelle, con cuidado que los niños están jugando a saltar y vivir debajo del mar. Llegar a Isla Fuerte: sus playas blancas, sus corales resistiendo, su gente de andar tranquilo. El ritmo de la Isla es suave; recorrer sus rincones de infinitos horizontes salinos es comprender la inmensidad de posibilidades que hay en los sueños de su gente sencilla; parece irreal la posibilidad del encuentro entre el silencioso murmullo de las olas y el estrepitoso rugido de los picó,  la fiesta, la alegría de los y las isleñas; este contraste es fuente de diversidad, riqueza y grandeza.

Cuentan que en una época la gente de la Isla empezó a vender sus terruños; paraísos con balcones al inmenso azul; tierra fértil de yuca, ñame, coco, mamey; y todas las maravillas del sagrado trópico. Vendieron a peso tierras de horizontes sin fronteras -a veces es difícil reconocer lo ricos que somos- Vendieron a pocas personas que van y vienen del centro del país y de otras latitudes del mundo, gentes de veraneo; y ahora ¿qué le queda a la gente de Isla Fuerte?… Una lucha por re-apropiarse de lo que les pertenece, no a sus bolsillos o sus títulos (aunque también), sino a sus sueños de pesca y arado y danza y vecindad. Una lucha por re-apropiarse de sus raíces y sus propias formas de verse ante el mundo. 

Ir al monte; llegar al Tuntún, sentarse en una de sus imponentes raíces y contemplar sus fuertes brazos, sus hojas de sombra fresca, el silencio que posibilita el eco del tuntún, contador de historias. Seguir hacia el árbol que camina, lenta y constantemente sobre rastros de corales antiguos, respirar verde y sal ¿sabremos mirar el paraíso tan cerca de nuestro rostro? Caminar hacia la Playa del Inglés; agua calma y clara en la que se puede observar la diversidad de un paisaje subacuático. Los mangles; los que quedan y los que esperan nacer, tras la conciencia de la gente con quienes conviven. Y no muy lejos: Los arrecifes, y dentro de la mismísima isla: Arrecife, Escuela de Desarrollo Cultural y Ambiental de Isla Fuerte.  

Las personas en Isla Fuerte reclaman a sus administraciones lo que corresponde a una vida digna; servicios de salud, de educación, servicios públicos, apoyos a la vivienda; reclaman también, algo que en nuestro país se ha relegado a un segundo plano y es elemento esencial para la vida misma: espacios y condiciones para la expresión del arte y la cultura.  Isla Fuerte ha resistido a la indiferencia de sus administraciones, su gente lucha por autogestionar su vida digna, reapropiarse de sus espacios, por construir oportunidades para crecer. Arrecife en medio de todo eso, es un fuerte; un ecosistema que nace por esfuerzos colectivos, impulsados por la Corporación Fecisla, corporación que ha hecho presencia en la Isla hace más de 5 años; con su Festival de Cine, reconocido internacionalmente; y con su escuela de formación artística y ambiental que es el alma de esta casa. 

Arrecife es un espacio naciente; una casa de desarrollo cultural y ambiental, de y para la comunidad de Isla Fuerte. En su nacimiento hay propósitos en construcción, uno de los más grandes es que la comunidad se apropie de este espacio , que sea una co-construcción constante entre el equipo de Fecisla y la comunidad; con sus nuevos liderazgos -jóvenes que están trabajando por el arte y la cultura de su territorio-. Éste es un espacio vivo; todo un ecosistema donde habitan niños, niñas, jóvenes y adultos, que van y vienen, que comparten, disfrutan, aprenden y enseñan; un diálogo constante de saberes y sueños. 

Arrecife: una ventana abierta para posibilitar el encuentro con el arte en Isla Fuerte; para que la comunidad dialogue entre sí y con sus visitantes; que cada vez son más y más conscientes de la riqueza de este territorio, que le exige a sus gentes sentido de pertenencia y lucha por la autogestión de sus sueños. Territorio que pese al poco apoyo de sus administraciones, se ha levantado para ser un referente de Festividad; a través del arte -del cine en particular- y de construcción colectiva de esfuerzos por ganarle un espacio a la conciencia del cuidado de lo que nos rodea y la forma sensible de mostrarlo al mundo. 

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